miércoles, 12 de noviembre de 2014

A mi madre

¿Por qué la admiro?...
…Por su fortaleza, por su capacidad de adaptación y transformación y por su espíritu de supervivencia.
Leyendo este preámbulo uno pensaría en una heroína de capa y espada, una luchadora vibrante y rebelde incapaz de pasar desapercibida y, sin embargo, su gran virtud es la de no destacar en exceso.
Si la conoces, en la actualidad verás a una mujer de clase media alta bien relacionada, que disfruta de su jubilación, situación ésta sólo enturbiada por la ausencia de aquel que, durante cerca de sesenta años, fue guía, compañero y gran amor de su vida…
…Y subrayo la expresión “gran amor” porque esto fue fundamentalmente su relación; aún recuerdo como, en una época en la que todos éramos muy modernos pero aún se tildaba de irresponsables a las madres que no anhelaban el matrimonio de sus hijas, dejó boquiabierto al padre de las suyas al confesar su aspiración de que éstas viviesen no un bonito cuento de hadas con adornado altar al final, sino una “gran historia de amor”como la que ella había disfrutado.

Se rebeló al papel que se le había asignado en la vida según el cuál no se la podía demostrar especial cariño paterno para no hacer menos a una hermana mayor por parte de madre, convirtiéndose años después en orgullo de su progenitor.
Se rebeló al modesto futuro profesional que le habían proyectado, consiguiendo mejor titulación y un puesto en la Administración, sin más ayuda que su tesón y el apoyo incondicional del que, incluso ahora en la distancia, la acompaña en todo momento. El mismo apoyo que, treinta años más tarde, le ofrecería para su reincorporación laboral, aunque ello significase trocar la imagen de familia que le inculcaron desde la niñez (no imaginaba cuán grande le hacía esa actitud ante nuestros ojos).

Pero si como mujer luchadora por su independencia laboral la admiro, mayor es mi admiración hacia la mujer que, por avatares de la política social de la época, hubo de resignarse, durante esos ya citados treinta años, a cumplir con el papel de ama de casa tradicional, esposa y madre de cinco hijos en tierra extraña, empezando desde cero; severa y tierna; resignada y rebelde; frágil y fuerte…

Tengo treinta y ocho años y me pregunto si alguna vez lograré tener su fortaleza…
… Pero si de algo te sirve, te diré mamá que al menos he cumplido uno de tus sueños para nosotras: yo también he vivido una “gran historia de amor”.

  Susana
  (2005)

No hay comentarios:

Publicar un comentario