…Por
su fortaleza, por su capacidad de adaptación y transformación y por
su espíritu de supervivencia.
Leyendo
este preámbulo uno pensaría en una heroína de capa y espada, una
luchadora vibrante y rebelde incapaz de pasar desapercibida y, sin
embargo, su gran virtud es la de no destacar en exceso.
Si la
conoces, en la actualidad verás a una mujer de clase media alta bien
relacionada, que disfruta de su jubilación, situación ésta sólo
enturbiada por la ausencia de aquel que, durante cerca de sesenta
años, fue guía, compañero y gran amor de su vida…
…Y
subrayo la expresión “gran amor” porque esto fue
fundamentalmente su relación; aún recuerdo como, en una época en
la que todos éramos muy modernos pero aún se tildaba de
irresponsables a las madres que no anhelaban el matrimonio de sus
hijas, dejó boquiabierto al padre de las suyas al confesar su
aspiración de que éstas viviesen no un bonito cuento de hadas con
adornado altar al final, sino una “gran historia de amor”como la
que ella había disfrutado.
Se
rebeló al papel que se le había asignado en la vida según el cuál
no se la podía demostrar especial cariño paterno para no hacer
menos a una hermana mayor por parte de madre, convirtiéndose años
después en orgullo de su progenitor.
Se
rebeló al modesto futuro profesional que le habían proyectado,
consiguiendo mejor titulación y un puesto en la Administración, sin
más ayuda que su tesón y el apoyo incondicional del que, incluso
ahora en la distancia, la acompaña en todo momento. El mismo apoyo
que, treinta años más tarde, le ofrecería para su reincorporación
laboral, aunque ello significase trocar la imagen de familia que le
inculcaron desde la niñez (no imaginaba cuán grande le hacía esa
actitud ante nuestros ojos).
Pero
si como mujer luchadora por su independencia laboral la admiro, mayor
es mi admiración hacia la mujer que, por avatares de la política
social de la época, hubo de resignarse, durante esos ya citados
treinta años, a cumplir con el papel de ama de casa tradicional,
esposa y madre de cinco hijos en tierra extraña, empezando desde
cero; severa y tierna; resignada y rebelde; frágil y fuerte…
Tengo
treinta y ocho años y me pregunto si alguna vez lograré tener su
fortaleza…
…
Pero si de algo te sirve, te diré mamá que al menos he cumplido uno
de tus sueños para nosotras: yo también he vivido una “gran
historia de amor”.
Susana
(2005)