¿Cómo expresar lo que sientes cuando ni siquiera sabes si de
verdad son tus sentimientos o son aquellos que inconscientemente crees que
debes sentir?
Siempre me ha sido más
fácil enfrentarme a un papel en blanco que expresarme en voz alta sin que se me
quiebren las palabras y asome un brillo delatador de lágrimas cautivas en mis
ojos, pero también es cierto que al escribir puedo pecar de falta de espontaneidad
ya que me es imposible resistir la necesidad de corregir la gramática y el
vocabulario a la par que escribo, legado supongo de una educación donde primaba
la lingüística y la literatura frente a las ciencias.
Pero me desvío del tema, los sentimientos son caprichosos,
cambian a su antojo sin pedir permiso o simplemente avisar con el preceptivo
plazo que para cualquier otro negocio, contrato o realización de actividad
exigiríamos para así poder prepararnos y adecuar nuestra vida a esa nueva
situación. Tan pronto somos la viva imagen de un anuncio de comida rápida,
siempre me ha llamado la atención como en esos anuncios la gente parece feliz a
pesar de las colas interminables ante el mostrador, la minúscula bandeja que te
ofrecen para llevar las viandas en difícil equilibrio hasta tu mesa mientras
esquivas a los niños y adultos, más preocupados de mostrar una histriónica
felicidad antes que cuidar su propia seguridad física ante la posibilidad de
tropezar unos con otros; pero como decía, pasamos de la sublime e incluso
ostentosa felicidad a en cuestión de segundos sentirnos apenados, humillados,
avergonzados, irritados o cualquier otra emoción que pueda atraparnos.
Se nos bombardea continuamente y sin que apenas nos demos
cuenta con consignas sobre lo políticamente correcto y por tanto,
condicionándonos hacia aquellos sentimientos apropiados para el momento, la
situación, la compañía o incluso en nuestra propia soledad…
Nos reprimimos a la hora de manifestar tristeza, amargura,
envidia, cólera porque ello puede crear sentimientos de rechazo a nuestro
interlocutor de turno pero también se nos recuerda que una excesiva muestra de
felicidad absoluta se consideraría en muchos casos poco solidaria e incluso
algo ordinaria todo lo cual nos lleva a intentar dosificar aquello que sentimos
y la manera de expresarlo.
Por todo ello, no sé muy bien si ahora expresar mi hartazgo,
mi gratitud, mi desesperación, mi ilusión, mi felicidad, mi pena, mi orgullo,
mi vergüenza, mi enfado o mi contento, así que voy a dejar que tú lector
decidas como me siento según aquello que hayas entendido con estos párrafos
fruto de una tarde de verano.