Y las nubes grises vuelven al horizonte, amanecen en tu ventana al despertar y te dices que hay un arcoiris escondido entre ellas, uno pequeñito que se resiste a desaparecer y al que te aferras con la esperanza de que si, al final del arcoíris encontrarás un caldero dorado.
Pero ¿y si no es así?; ¿y si al final sólo se funde con las grises?
Y sigues buscando un amanecer menos gris, menos complicado y menos inhóspito.
Y mientras, buscas un cofre en el que guardar esa sensación...
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